Crónicas de Berlín

Eugenio Xammar –

A menudo, al hablar de periodismo, es un lugar ya común mencionar como causa de todos los males la vertiginosa rapidez con la que se produce hoy en día la información. Internet y las redes sociales han sustituido la supuesta tranquilidad con la que antaño escribía el profesional, cómodamente sentado en su despacho mientras buscaba el enfoque e, incluso, el verbo precisos. 

Sin embargo, aunque sea cierto que la instantaneidad perjudica a la veracidad y a la calidad, no es menos cierto que ambos requisitos de toda buena producción periodística han dependido siempre en gran medida de su autor. Por eso, hay un periodismo que se esfuma con la niebla de los días y otro que no solo permanece, sino que cobra más fuerza y más sentido con el paso de los años. Este es el caso de los artículos que Eugenio Xammar escribió en la década de 1930 desde Berlín para diferentes medios españoles. 

Se trata de crónicas a vuela pluma, dictadas casi siempre por teléfono a algún compañero de redacción. De modo, que se puede ir leyendo el momento histórico con la precisión y el detalle de quien está siendo testigo del día a día. Sin embargo, su estilo cercano y sobrio le confiere a los textos la levedad propia de quien sabe ir al meollo del asunto, sin distraer con florituras ni accesorios al lector. Hay rapidez sí, pero también hay concisión y perspectiva. Xammar no parece perder nunca el norte y, aún cuando habla de las cuestiones más complejas y de los detalles más ínfimos, sabe mantener al lector dentro del cuadro completo, con un breve apunte, a veces, otras, con una pequeña digresión.

Eugenio Xammar y Amanda, su esposa, hacia la década de 1930. Foto: archivo nacional de Cataluña.

Sus artículos, escritos en un tiempo trepidante, donde, como él mismo confiesa alguna vez, aquello que sirvió por la mañana se ha vuelto inútil por la tarde, abarcan el periodo de los últimos estertores de la República de Weimar hasta los primeros movimientos militares de Hitler en 1936, cuando ocupa la zona desmilitarizada del Rin y hace saltar por los aires el tratado de paz de Versalles. Parecen ir construyendo un argumento acerca del descenso de Alemania a los infiernos, y de una Europa ensimismada que la acompaña. Únicamente son posibles, en su claridad a la hora de exponer y explicar las causas y sus desenlaces, gracias a la enorme cultura que deja entrever su autor. No solo es que Xammar sea un gran conocedor de la lengua alemana, visible en sus brillantes traducciones de términos que hoy, para nosotros, son de uso general, sino que se revela también como un incisivo intérprete de la realidad del momento y de la cultura germana.

Las Crónicas desde Berlín (reunidas y publicadas en la editorial Acantilado) cuentan con la objetividad (que no neutralidad) propia del medio periodístico, al tiempo que con la sagacidad, la ironía y el desparpajo de una firma que relata unos hechos, pero que también los comenta. Ahora bien, Xammar no entiende el comentario como lo haría hoy cualquier jefe de redacción, como una oportunidad para despachar la opinión personal o los intereses empresariales del medio, sino que lo trabaja como contrapunto necesario para que el lector comprenda el tema o la anécdota de los que se habla.

Ello es porque a lo largo de sus crónicas parece como si en el fondo lo moviera la idea de que España no debería permanecer ajena al momento que vivía Europa. De ahí proviene el esfuerzo continuo por explicar los hechos y el contexto que atraviesa cada uno de sus párrafos, así como el intento de llegar al lector. Xammar era absolutamente consciente, tal y como menciona él mismo, de que no era igual un gobierno español con una república alemana como la de Weimar al otro lado del continente que con un régimen nacionalsocialista como el de Hitler. Los hechos le dieron la razón cuando Hitler apostó por los golpistas de Franco.

Por eso, su prosa vertiginosa está cargada de sentido y es capaz de narrar, sabiendo hacia dónde va, el absurdo del día a día. Es esto, y no otra cosa, lo que convierte sus crónicas en una lectura indispensable, lúcida y sagaz, sobre la historia del siglo XX, al menos desde nuestra perspectiva española, al tiempo que nos permite disfrutar de ellas con puro entretenimiento. 

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