Conjunción planetaria

Diario de una epidemia 22 –

Hoy, en el vigésimo sexto día oficial de confinamiento, por fin, alabada sea la ciencia, me ha llegado la gran explicación de las explicaciones. Se ha resuelto uno de los grandes enigmas de la era postvirus. A saber: por qué arrasamos con el papel higiénico en los supermercados.

Pues sí. Un amigo me ha pasado el artículo de un sociólogo que lo explica todo, publicado en una prestigiosa revista científica. Y la cosa es mucho más sencilla de lo que parece, aunque también advierto que es menos alocada y divertida que esa imagen que todos nos hemos hecho a estas alturas del apocalipsis cerniéndose sobre el planeta y la humanidad en masa corriendo a comprar papel del váter.  

Al parecer, lo primero que ha habido que tener en cuenta para la investigación es que el mundo se divide en dos: entre los que van al baño fuera de casa y los que no. Aunque no son categorías monolíticas (alguien que no suele hacerlo podrá usar un baño público en una situación de emergencia), en general, hay personas que no tienen ningún problema en visitar el váter de su oficina, por ejemplo, o incluso de una estación de trenes, mientras que otras salen siempre de casa con los deberes hechos a toda costa, aun si ello implica levantarse una hora antes por la mañana.

De este modo, se establecen dos circuitos bien diferenciados de uso de papel higiénico, el de fuera y el de dentro de casa, o dicho de otro modo, el público y el privado. Cada uno de ellos tiene sus peculiaridades y soporta un número más o menos constante de usos. Pues otro detalle a tener en cuenta, y que debo decir que me sorprendió al leer el estudio, es que la industria de este sector es de las más regulares y continuas de todo el sistema económico mundial. Es decir, si otros ámbitos de los negocios como el petróleo describen en una gráfica una especie de montaña rusa, a su vez, compuesta de submontañitas, la fabricación y venta de papel higiénico es una línea casi horizontal, que apenas varía.

Así, los que suelen visitar al señor Roca fuera son constantes en su hábito, de lunes a viernes. Y lo mismo pasa con los más caseros, aunque ellos de lunes a domingo. Sin embargo, he aquí el primer torpedo a la tranquilidad de la industria de la celulosa. El día cero, por llamar de algún modo a la fatídica fecha en la que todos salimos a comprar pensando únicamente en nuestro culo, confluyeron los dos tipos de usuarios a la vez en un mismo espacio mental. Tanto los unos como los otros cayeron en la cuenta de que iban a tener que pasar mucho tiempo en casa, más del habitual, y, sobre todo, en momentos en los que antes se estaba fuera. 

Así, que digamos que todas esas personas que habitualmente son del tipo candil de casa propia en sus preferencias escatológicas, y que suelen comprar, por ejemplo, cinco rollos, ese día compraron diez. Sus hábitos no se verían muy alterados por el estado de alarma, por lo que no había necesidad de dejarse llevar por el pánico. En general, a este tipo pertenecen todos aquellos de nuestro entorno que se rieron del tema, los que le quitaron importancia y aquellos que mandaron fotos desde la tienda maravillados por el sexto sentido de la supervivencia humana. Fueron a comprar, sí, hay que reconocerlo, pero no fue para tanto. 

Por otro lado, aquellos que suelen ser del tipo candil de casa ajena, si normalmente compran tres, el día cero salieron a toda prisa y compraron doce, ante las primeras noticias de un posible confinamiento y acuciados lógicamente por una mayor preocupación que el resto. A este tipo ya está claro quiénes pertenecen: todos aquellos que no abrieron la boca, que simplemente pusieron cara de sorpresa cuando les enseñamos las fotos del Mercadona vacío como si ellos no hubieran estado allí media hora antes, y en general, todos los que intentaron justificar de alguna manera el hecho.

Florecillas en un pedregal, autor desconocido. Hacia 1900. Dominio público.

La verdad es que la investigación lo dejaba tan claro que me maravilló. La primera explicación era tan sencilla que resultaba inimaginable y, por eso, precisamente, absolutamente obvia. No es que se compraran muchos más rollos, es que compramos clientes casi excluyentes a la vez.

Pero el sociólogo no se quedaba ahí. Más adelante, lanzó su segundo gran torpedo, este un poco más complejo y que iba dirigido contra el modo de producción y distribución de esa industria. La cosa es que si hay dos ámbitos de uso del papel higiénico, bien diferenciados y más o menos constantes, uno el privado y otro el público, hay también dos tipos de producción y dos tipos de distribución. Y esto, que es de primero de capitalismo, es decir, la especialización de la oferta y la demanda, de cristalino que es, resulta también inimaginable. Tipos de papeles diferentes, modelos de rollos diferentes, texturas y colores diferentes, incluso, olores bien diferenciados para cada uno de los mercados. En el privado, los rollos pequeños, de texturas mullidas y olorosas, en envases relativamente pequeños. En el público, los rollos grandes, en envases industriales de gran formato, con capas finas, habitualmente ásperas y acartonadas. De hecho, hasta los soportes son distintos, el de casa y el del bar o la oficina. 

Por tanto, también los intermediarios y los canales de distribución y venta no son los mismos. En la venta al por menor no encontraremos los rollos que se venden al por mayor. De modo, que ambos circuitos están desconectados y no se suplen el uno al otro. Al ser, además, como ya he dicho, una industria sin apenas cambios y, por lo demás, con escasos márgenes de beneficio, si falla un lado, el otro no puede salir en su ayuda.

Así, que a la convergencia casi cósmica que se produjo ese día entre los caganets  de un tipo y los de otro, que ya hizo temblar el aburrido y monótono mercado del papel higiénico privado, se unió el hecho de que cientos de miles de rollos industriales se quedaron varados en oficinas cerradas, baños públicos impracticables y estaciones clausuradas, sin que se pudieran evacuar, valga la expresión, hacia el consumo familiar. 

En resumen, no es que lo primero que pensáramos fuera en ir al váter ante la llegada del fin del mundo, que también, es que tuvimos la misma idea al mismo tiempo una gran mayoría que normalmente no coincide ni para usar el baño, en un contexto de especialización del mercado y de falta de vasos comunicantes entre los circuitos público y privado. 

De hecho, creo que, como en Japón se limpian con agua, allí no tuvieron este problema.  

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