Un poema de otoño

Rescato de entre mis cuadernos un poema que escribí hace un tiempo. La mayoría de las veces, reencontrarse con uno mismo provoca indiferencia. Excepcionalmente, sientes condescendencia por aquellas palabras que escribiste hace tanto, cargadas de inocencia. Pero raras veces, te encuentras en el centro de la diana. Un poema sigue conservando toda su carga de sentido para uno mismo. Es el caso de este texto que no lleva título:

La retórica del otoño
–mudar, caerse de las hojas
refugiarse en los últimos montones de color–
Llega a su punto y aparte con el hielo nocturno

Hablaba vuestra propia lengua
Una palabra abría de par en par las tardes
–pájaro que migra ensancha el cielo–
Hubo estaciones donde las charlas acababan con te llamo
En el telefonillo ponía tu nombre

Ahora yacemos en la aridez de la espera
–hojarasca antes de ser barrida–
Un presente que jamás imaginamos

¿Cuál será el tema de esta época?
¿Tendrá un estilo liviano como el invierno
Que se comenta en los ascensores?

Los árboles mudaron ya su piel
Acumularon tiempo en su corteza
Nosotros olvidamos los matices
Que es nuestra forma de crecer

No sé si viviré vuestra lengua de nuevo
O seré ese hablador que repite
Sílabas ausentes
«Momijigari» (reunión de hojas de arce), dibujo de Taiso, Yoshitoshi, 1839-1892. Sin derechos.

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