Un poema –
En su libro Elegías de Duino, el poeta Rilke dedica uno de sus poemas al extraño proceso de crecimiento de la higuera. Este árbol, al contrario que la mayoría de los de su especie, se salta la floración para producir directamente la fruta. El misterio, según el poeta, de producir logros con un esfuerzo secreto, un trabajo oculto, invisible, con una savia que:
salta de su sueño
aún casi sonámbula, a la dicha de su más dulce cumplimiento.
Para Rilke, el poder de esta imagen estaría sobre todo en el hecho de que la palabra nace de un proceso contrario, demorado. De manera que, cuando finalmente florecemos, el orgullo y vanagloria que sentimos por ello nos hacen traicionar en cierto modo el dulzor y la autenticidad de nuestro fruto.
Mi poema parte de estas ideas para hablar del relato familiar.
HISTORIA FAMILIAR
La casa
El limonero
El patio coronado de flores húmedas
Resplandecientes al sol del mediodía
Y la cal blanca y agrietada desconchada
Como fondos de pantanos ya resecos
Cuarteados por la meteorología
Igual que las arrugas de una cara anciana
Son la impresión del encuentro con la vida.
Las capas sucesivas de blancura contienen el saber
Enciclopédico de una historia familiar
Desde los mitos lusitanos
La espuma de océanos distantes
Hasta el regreso del nieto pródigo y sus acertijos.
Uno nunca podrá hablar bien las palabras de su tribu
Si no le explican el sentido de tanta grieta,
Si nunca olió el azahar perfumando la espera de sus frutos
Y sin embargo los limones nacen siempre al cabo de lo dicho
Aunque no entendamos lo que quisimos decir
O nos quedemos mudos ante el mundo.
Cada marzo el limonero nublaba el patio de verde y amarillo
—¿cómo es posible que nadie supiera qué hacer con tanta fruta? —
Y se acumulaba en un rincón junto al caño
Día a día
Se moría como la historia
Que apenas contada se vuelve inverosímil.
¡Qué fulgor tan fétido la floración del moho
El dulce jugo de la fruta podrida!
Por eso de niños
Permanecíamos fieles a los cercos del muro desconchado
Con el mortero al aire
Porque hay más verdad en esa tierra muerta
Que en el resplandor de la cal viva superpuesta cada año.
Pero no aprendimos a expresar
Solo a hablar transmitiendo directrices
Nada de olores ni sabores
Tampoco la aspereza de la tierra o el rigor del padre
Solo dijimos como dicen los mapas viejos
Grandes regiones de otros mundos
Para quien sepa interpretarlos.
¿Y quién sabe?
¿Quién nos desvela a nosotros?
¿Quién
El sentido de aquellas grietas
Aprendidas a la intemperie?
Ese es el esfuerzo de la floración
Hasta llegar a ser el fruto
La fatiga cada año de encalar de nuevo el patio.

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